buscar

 

 Logo Detrás del reflejo-Sub-blog

 

El agua es la plastilina con la que la mente juega a crear otros mundos


Es el líquido más abundante y necesario y, al mismo tiempo, uno de los más raros que pueden existir. Sus propiedades son diferentes a las de los otros líquidos. Tal vez, por esa rareza es lo que es...

Su sobrenatural plasticidad es capaz de generar mundos imposibles, reservados a los sueños y a la imaginación ardiente. Por eso, cuando contemplamos el agua en acción, igual que nos sucede con el fuego, nuestra imaginación hace lo que mejor sabe hacer: volar y construir. Los nacidos de ese proceso son los únicos castillos en el aire dignos de ser elevados y los únicos que con el tiempo se mantienen, e incluso crecen. No en vano, el líquido elemento ha sido considerado siempre origen de dioses, mitos, leyendas y conceptos mágicos en la antigüedad.

 

 

Damas y caballeros: Su Majestad El Agua:





plasticidad







plasticidad




 

 

 

plasticidad







plasticidad




 

EL AGUA, TAN COMÚN Y TAN EXTRAÑA

              

 

Un líquido para un planeta

Si alguien nos apremiase para que citásemos el nombre de un líquido, todos sin excepción nombraríamos el agua. No es por nada que nos referimos a ella como “el líquido elemento” y nos cuesta imaginar otros ejemplos diferentes de fluidos en la Tierra. Sin embargo, cualquier sustancia puede presentarse en cualquiera de las tres formas o estados fundamentales: sólido, líquido o gaseoso. El paso de una fase a otra depende exclusivamente de la presión y la temperatura a la que se encuentre sometida. Así, las rocas, ejemplo de material sólido donde los haya, debido a las altísimas temperaturas y presiones existentes en el interior de la Tierra, corren fundidas y emergen como ríos de lava en las laderas de los volcanes, a la vez que sus gases se expanden por la atmósfera. El agua, sin embargo, es el líquido natural sobre la superficie del planeta Tierra. Las temperaturas de éste son tales que podemos tener agua en estado sólido, almacenada en las cumbres de las montañas y en los polos; líquido en mares, ríos o lagos; y gaseoso, en las nubes que la redistribuyen por todo el Planeta. Es justamente ese equilibrio entre las tres fases el que regula y estabiliza las temperaturas del planeta. Si la Tierra fuese más pequeña y sus temperaturas más frías por orbitar más lejos del Sol, en lugar de tener ríos de agua los tendría de CO2, ya que al agua líquida nunca podría existir. En el agua, el cambio entre fases se realiza a cero grados para convertirse en sólido, y a 100ºC para hacerlo en gas. Esa es otra las rarezas del agua. Presenta unas temperaturas de ebullición y congelación mucho mayores que otros líquidos, completamente adaptadas al tamaño y posición de la Tierra.

 

El tamaño de la Tierra y su distancia al Sol es tal que puede mantener el agua líquida, sólida y gaseosa sobre su superficie.

 

 “Be water”

Si con un microscopio de altísima resolución pudiésemos llegar a ver la composición de una gota de agua, veríamos que es un compuesto extremadamente simple, formado por moléculas consistentes en un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno. Sin embargo, esta simpleza intrínseca esconde la mayor de las rarezas que un líquido pueda presentar. La combinación del oxígeno con el hidrógeno en un mismo compuesto para formar una sustancia líquida es como juntar el ying y el yang en un espacio nanométrico. Hidrógeno y oxígeno son elementos profundamente opuestos, que forman en la molécula de agua un explosivo trío de conveniencia.

Todos sabemos que si metemos una botella de agua en el congelador, ésta estalla. Pues bien, esta observación tan cotidiana en nuestras vidas es otra de sus rarezas físicas, ya que el agua es una de las inusuales sustancias en la Tierra que aumenta su volumen al congelarse a la vez que disminuye su densidad. Esta singularidad posibilita que el sólido flote en el líquido, permitiendo así que existan los icebergs. No se trata tan solo de la imagen bella o romántica de un iceberg flotando solitario en un inmenso océano, sino del hecho de que cuando se congela el agua de un lago, lo hace sólo en su superficie. La capa de hielo que se forma permanece en la parte superior protegiendo así toda la vida submarina, microscópica o evolucionada que el interior del lago o charca pueda albergar.

Si con un microscopio de altísima resolución intentásemos ver de nuevo la composición de una gota de agua, no podríamos conseguirlo ya que cada una de las moléculas que la forman se mueve a un ritmo frenético. Esto es debido a que oxígeno e hidrógeno, aunque conviven juntos, salvaguardan sus cargas opuestas estableciendo millones de interacciones cada segundo con las moléculas vecinas. Gracias a esta particular distribución de cargas eléctricas en constante movimiento, el agua es conocida como el disolvente universal. El agua es capaz de disolver los nutrientes de los suelos y colarse hacia el interior de la tierra, adaptando su forma para distribuirlos a plantas y otros microorganismos. Lo mismo pasa en nuestras células, que pueden adsorber del medio acuoso los elementos necesarios para la vida.

 

El espectáculo de la plasticidad

Además el agua, al igual que el mercurio, posee otra propiedad única: tiene una gran facilidad para formar gotas que aglomeran sus moléculas, formando una entidad individual definida. La tensión superficial que las une en una entidad superior a una simple molécula les permite deslizarse sobre las superficies de los materiales. Cuando las gotas de lluvia escurren por las hojas y troncos de las plantas, éstas aprovechan para hacerse con la carga de nutrientes que esas gotas transportan. Aunque parezca mentira, la mayor parte de los líquidos no forman gotas.

No es de extrañar, por tanto, que las culturas orientales, y en particular las artes marciales, aconsejasen que nos convirtiésemos en agua para poder así adaptarnos y fluir como ella en un mundo en incesante cambio. Ese es el camino para disolver los problemas o preocupaciones causadas por nuestra componente social y cambiar de forma: adaptándonos a las diferentes situaciones.

Esta sorprendente propiedad del agua para aglutinar sus moléculas y dotar de absoluta flexibilidad a las gotas creadas, es la que permite que el líquido tome formas caprichosas, insólitas, y aparentemente en contra de la ley de la gravedad, cuando éste es arrojado al aire. Además, la fotografía de alta velocidad nos permite hoy que su apariencia pueda llegar a ser la de un sólido, pero sin serlo. Ahí reside parte de la magia de este elemento único.

 

Agua: 330 millones de m3 en la Tierra.

Falta un último dato importante para completar este retrato de las rarezas del agua en la Tierra: su volumen es finito, y sólo un 2% de esa enorme cantidad es potable. Hemos visto que las rarísimas propiedades del más común de los líquidos, solo disponible en nuestro planeta, hacen del agua una sustancia necesaria para cualquier forma de vida. Pero esa altísima capacidad para adaptarse a la geografía o al entorno y de disolver muy distintos elementos es, tal vez, la causa del problema más acuciante que afronta la Humanidad como tal. Todos los vertidos finalizan su recorrido en mares, ríos o lagos, y acaban disueltos por sus aguas. La capacidad de éstas para ayudar a la vida, disolviendo y transportando nutrientes, se convierte ahora en un peligro de muerte, pues también lo hace con los elementos tóxicos, venenos en pequeñas dosis que no podemos detener. Si continuamos arrojando 8 millones de toneladas por año de plásticos a los océanos y mares, que acumulan ya 250.000 millones de toneladas de esos desperdicios, en breve haremos que este bien necesario para la vida sea aún más escaso. Y qué decir de los metales pesados que, una vez disueltos en el agua, son absorbidos por las células, produciendo enfermedades degenerativas de muy diversa índole. Estos metales no cambian las propiedades del agua, es decir, ni huelen, ni saben, ni la colorean y, por tanto, no pueden detectarse fácilmente, y así, son ingeridos por peces, animales o personas que la precisan cotidianamente para su actividad vital. Pesticidas, fertilizantes, desechos químicos o biológicos, metales pesados o plásticos son algunos de los vertidos que el agua incorpora hoy día para transportarlos en su estado más elemental.

El agua limpia podría ser, en un futuro cercano, la razón para nuevas guerras. Y este, junto con el cambio climático, es ya uno de los problemas más importantes y urgentes a los que se enfrenta la Humanidad.

 

El agua es finita, y su contaminación pone en riesgo todas las formas de vida sobre el Planeta, convirtiéndose en un veneno lento.

 

 

Texto de José A. Martín Gago - Profesor de investigación en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid-CSIC. Responsable del grupo de investigación ESISNA.

 




plasticidad







plasticidad

 





 

plasticidad







plasticidad







plasticidad


 





plasticidad

 






plasticidad






Ver también imágenes en "Como pez en el agua"